La Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra cada 7 de abril, desde el año 1950, el Día Mundial de la Salud con el objetivo de intensificar la prevención, mejorar la atención y reforzar su vigilancia.
Este año el tema elegido es la diabetes, cuyo rápido incremento en los últimos años ha encendido las alarmas en todo el mundo. Los objetivos que se persiguen son:

  • Concienciar a la población, sobre todo en países con ingresos bajos y medianos, del aumento de los casos de diabetes y de sus abrumadoras consecuencias.
  • Promover actividades accesibles y eficaces para su prevención, diagnóstico y tratamiento. El riesgo de diabetes se puede reducir y, en el caso del tipo 2, es posible retrasar su aparición. Para ello, es fundamental la actividad física periódica y una dieta sana.
  • Transmitir que la diabetes se puede tratar y prevenir, para lo que hay que educar en el control personal de la enfermedad y sus complicaciones. Este desafio va más allá del propio sistema sanitario e implica la colaboración de diferentes sectores: los gobiernos, los docentes, las organizaciones no gubernamentales, la industria alimentaria, los medios informativos y, sobre todo, cada uno de nosotros.
  • Presentar el primer informe mundial sobre el rápido crecimiento de la enfermedad y sus consecuencias, defendiendo la implantación de sólidos sistemas de salud que aseguren una mejor prevención y atención.

“La diabetes es una enfermedad crónica que se produce cuando el páncreas no produce suficiente insulina, o cuando el cuerpo no puede utilizar eficazmente la insulina que produce.”

La diabetes es una enfermedad crónica que se produce cuando el páncreas no produce suficiente insulina, o cuando el cuerpo no puede utilizar eficazmente la insulina que produce. La insulina, una hormona que regula el azúcar en la sangre, nos aporta la energía necesaria para vivir. Si no puede llegar a las células para convertirse en energía, el azúcar se acumula en la sangre hasta alcanzar niveles perjudiciales.
Existen dos formas principales de diabetes. Las personas con diabetes de tipo 1 generalmente no producen insulina, por lo que necesitan inyecciones de insulina para sobrevivir. Las personas con diabetes de tipo 2, que representan aproximadamente el 90% de los casos, suelen producir su propia insulina, pero la cantidad es insuficiente o no la pueden utilizar apropiadamente. Por lo general tienen sobrepeso y son sedentarias, dos circunstancias que aumentan sus necesidades de insulina.
 
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