Desde noviembre ya están en los estantes de las superficies comerciales este tradicional postre navideño de origen árabe. Su gran consumo en estas fechas lo convierten en el principal dulce navideño, pero no hay que olvidar que debe hacerse de forma esporádica.
Su elaboración, que apenas ha sufrido cambios, se lleva a cabo con miel, azúcar y almendras enteras o también molidas. A la masa obtenida por cocción de miel y azúcar, con o sin clara de huevo, se le incorporan las almendras tostadas. Podemos encontrarlo blando o duro, en forma de tableta o de torta.
Mientras el turrón blando mezcla la almendra molida con el resto de ingredientes, en el duro se mezcla la almendra entera.
Los turrones hay que conservarlos en la nevera hasta poco antes de llevarlos a la mesa. Es importante taparlos bien para que no estén en contacto con el aire del frigorífico y evitar que se reblandezcan los frutos secos que contiene.
Valor nutricional
Los turrones son ricos en grasas y azúcares y, por tanto, de elevado valor calórico. El turrón blando, que es el que mayor porcentaje de almendras contiene, casi un 66%, es el que nos aporta una mayor cantidad de grasas.
Pero también hay que recordar que el turrón tiene propiedades saludables, ya que no contiene calorías vacías: las proteínas de los huevos y las almendras tienen un elevado valor nutritivo, además de la fibra, la energía y los hidratos de carbono que aportan el azúcar y la miel.
Pero esta aportación de energía hay que evitar acumularla en forma de grasa haciendo ejercicio.
Su consumo debe estar limitado en caso de obesidad, por la alta concentración de hidratos de carbono y calorías y para personas que sufren diabetes. Es muy recomendable por esta razón servirlo en porciones pequeñas.
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