Hasta hace unos años, el valor energético de un alimento y la creencia de que las calorías se vuelven grasa eran el centro de atención en las dietas para bajar de peso. El balance energético era casi el único parámetro a valorar.

Hoy en día sabemos que este no es el único aspecto a tener en cuenta. El tipo de alimentos que comemos, los principales nutrientes que nos aportan, cómo responde nuestro sistema hormonal o el tiempo que pasamos entre comidas son otros aspectos que tienen también un impacto importante en nuestra composición corporal.

¿Qué son las calorías y qué pasa cuando nos excedemos?

Las calorías son una medida que usamos para valorar la cantidad de energía que nos proporciona un alimento. Las calorías aportan al cuerpo el combustible necesario para realizar sus funciones vitales y crear estructuras.

Después de digerir los alimentos, la energía que contienen se libera y es usada por las distintas células. Toda aquella que no es usada en el momento es almacenada para un uso posterior:

  • El primer almacén de energía de nuestro cuerpo son los músculos y el hígado; allí se almacena en forma de glucógeno.
  • La otra forma de reserva de energía son los adipocitos o células grasas, en los que se acumula la energía que no usamos en forma de lípidos.

Por eso decimos que las calorías se vuelven grasa, porque cuando sobrepasamos las necesidades inmediatas de nuestro cuerpo, el exceso de energía se almacena en forma de grasa.

No obstante, un porcentaje elevado de tejido adiposo puede llegar a ser perjudicial para la salud pues está relacionado con la aparición de problemas metabólicos, entre otros.

Más allá de las calorías: otros aspectos a tener en cuenta

Las calorías son uno de los factores determinantes cuando hablamos de alimentación y ganancia o pérdida de peso. En realidad, lo que valoramos es que la ingesta y el gasto estén equilibrados. Pero hay otros aspectos que también entran en juego y se relacionan entre sí. Entre ellos encontramos los siguientes:

– Composición nutricional de los alimentos

Las calorías no actúan en el organismo de la misma forma si provienen de distintos macronutrientes. Por ejemplo, las proteínas tiene una gran capacidad saciante y un efecto termogénico (energía que emplea el cuerpo en procesar y digerir los alimentos) mayor que las grasas o los carbohidratos.

Por otro lado, según la composición general de nuestra dieta diaria se activan unas rutas metabólicas u otras. Y esto acaba afectando también a la forma en que metabolizamos las calorías y en que estas se vuelven grasa.

– Calorías finales que se acaban absorbiendo

Debemos tener en cuenta que algunas veces no absorbemos la energía total que nos aporta un alimento. Existen factores que influyen en este aspecto, como el tipo de cocción que ha sufrido el alimento o el estado de nuestra flora intestinal.

– Aspectos hormonales

Las calorías nos aportan energía, pero la forma de procesar y usar toda esta energía está regulada por hormonas. Cualquier influencia sobre nuestro sistema hormonal acabará modificando la forma en que usamos y almacenamos las calorías.

– Efecto saciante de los alimentos

No todos los alimentos nos llenan de la misma forma. El nutriente predominante de una comida o el modo de preparación hará que, al comerla, nos sintamos más o menos saciados.

Cuando el estómago está lleno manda señales al cerebro que le hacen entender que ya no debemos comer más. Por lo tanto, las calorías totales ingeridas deberían ser más o menos las mismas al final de cada comida.

Las calorías se vuelven grasa: también es una cuestión de calidad

Cuando queremos afrontar una dieta de pérdida de peso o queremos engordar, solemos fijarnos casi de forma exclusiva en la cantidad de calorías que ingerimos. Aunque esto puede ser necesario en estas ocasiones concretas, no podemos olvidarnos de la calidad de las calorías. 

«Hay que tener en cuenta que todos aquellos aspectos que tengan influencia sobre nuestro sistema hormonal, como el ejercicio, el sueño o el estrés, también repercuten en la forma en que nuestro organismo procesa y almacena las calorías.»

La misma cantidad de calorías no tendrá el mismo efecto en nuestro cuerpo si proviene de un tipo de alimento o de otro. Es importante  valorar el tipo de alimentos que forman parte de la dieta. Hoy en día sabemos que los alimentos altamente procesados están directamente relacionados con:

-Mayor riesgo de obesidad

-Hipertensión arterial.

-Problemas metabólicos

-Colesterol LDL alto, entre otros

Por eso, es aconsejable tener un patrón alimentario adecuado en el que predominen los alimentos frescos y poco elaborados, como frutas, legumbres, verduras, cereales integrales, huevos, etc. Así mismo, debemos consumir de forma muy ocasional platos preparados, snacks, galletas o bollería.

Si basamos nuestra alimentación en los alimentos del primer grupo, su impacto en el metabolismo, la saciedad o el efecto térmico estará mucho más balanceado que si comemos más de los segundos. De este modo, el exceso de calorías no se convertirá en grasa tan fácilmente. A la larga, será un beneficio para nuestra salud.

Un déficit de calorías no es saludable

Hasta el momento hemos visto como, a veces, un exceso de calorías se convierte en grasa, lo que puede llegar a ser perjudicial para nosotros.

Sin embargo, reducir mucho la ingesta de calorías tampoco es saludable. Esto se suele hacer por el miedo a acabar almacenando aquellas que no quemamos al momento, pero no es recomendable.

«Es mucho mejor elevar el gasto de calorías que bajar la ingesta sin modificar lo que gastamos.»

Un aporte insuficiente de energía significa también una falta de otros nutrientes básicos que nuestro cuerpo necesita para funcionar y construir estructuras, como vitaminas, minerales o proteínas. Esto puede derivar, a su vez, en problemas de humor,  falta de concentración y falta de energía, entre otros.

Además, a largo plazo y contra lo que podría parecernos lógico, se puede acabar produciendo un aumento de peso y de grasa. Esto es porque el cuerpo se vuelve muy ahorrador frente a la escasez. Al no detectar la entrada de alimentos, se vuelve reacio a desprenderse de la grasa acumulada para poder mantener algo de reservas de energía.

Las calorías se vuelven grasa pero influyen más factores

Es necesario dejar de pensar solo en términos de calorías y empezar a pensar en la calidad de los alimentos que comemos, su composición nutricional o cómo los cocinamos y comemos.

Además, hay que tener en cuenta que todos aquellos aspectos que tengan influencia sobre nuestro sistema hormonal, como el ejercicio, el sueño o el estrés, también repercuten en la forma en que nuestro organismo procesa y almacena las calorías.

Ana Vilarrasa

Fuente: Mejor con Salud

https://mejorconsalud.com

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