¿A qué hora solemos comer y cenar todos los días? ¿Tenemos un horario más o menos fijo de desayunos, comidas y de cenas entre semana? ¿Y los fines de semana? Todas estas preguntas tienen su importancia, no solo en nuestra salud en general sino también, y en particular, en el control de nuestro peso. El reloj biológico que todos tenemos tiene que ver, mucho más de lo que pensamos, en nuestra relación con la comida y en cómo absorbemos los nutrientes que ingerimos. Veamos por qué tener un horario regular de comidas puede ser un aliado para no engordar.

«El reloj biológico tiene una función muy importante en nuestro organismo en general y también en el control de nuestro peso.»

«Comer siempre a la misma hora favorece el funcionamiento de nuestro reloj biológico que es como una máquina que organiza a nuestro cuerpo para funcionar siempre a la misma hora. Es decir, gracias a la acción de nuestro reloj biológico nuestro cuerpo puede funcionar dependiendo de si es de día o de noche. Por ejemplo, cuando es de noche, nuestro reloj prepara a nuestro cuerpo para dormir y ayunar, mientras que cuando es de día estamos despiertos y comemos. Esta sincronía se mantiene cada día, todos los días de la semana, y además es fundamental para la salud», explica María Fernanda Zerón Rugerio, investigadora del Departamento de Nutrición de la Universidad de Barcelona.

Y lo mismo que para dormir, nuestro reloj biológico también nos prepara para las comidas, esto es, acondiciona a nuestro organismo para desayunar, comer o cenar a nuestra hora habitual. De esta manera, añade la profesional, «nuestro cuerpo estará preparado para procesar, asimilar y metabolizar los nutrientes que ingerimos en cada comida. Sin embargo, cuando comemos a una hora ‘inusual’ nuestro cuerpo se puede ver en problemas para procesar, asimilar o metabolizar los nutrientes que ingerimos, pues no estaba preparado para recibirlos».

Por tanto, en este segundo caso, cuando comemos a una hora inusual y no tenemos los elementos necesarios para procesar y metabolizar los nutrientes que ingerimos en esa comida, «nuestro cuerpo se verá en un aprieto para utilizar y asimilar los nutrientes que ingerimos, en particular la glucosa. Lo cual, a largo plazo, se puede relacionar con el aumento de peso y la obesidad», explica Zerón.

Mayor riesgo los fines de semana

En enero de este mismo año, un estudio liderado por Zerón, en el que colaboraron también investigadores del CIBEROBN de la Universidad de Barcelona (UB), relacionó la irregularidad en los horarios de las comidas del fin de semana con la obesidad.

Los investigadores del estudio que fue publicado en la revista Nutrients, aseguraron en su presentación que «se trata del primer trabajo que demuestra la importancia de la regularidad en los horarios de las comidas, incluyendo fines de semana, para el control del peso, y podría ser un elemento que tener en cuenta como parte de las pautas nutricionales para prevenir la obesidad».

«Lo ideal sería por tanto, «intentar mantener horarios regulares todos los días de la semana». En este caso, añade la experta, «podríamos tener una hora de margen.»

Es importante destacar que los resultados del estudio —en el que participaron más de 1.100 personas de 18 a 25 años de edad— se obtuvieron independientemente de factores como la calidad de la dieta, el nivel de actividad física, el jet lag social (la diferencia en los horarios de sueño durante el fin de semana) o el cronotipo.

Los resultados indicaron que «cambiar los horarios de las tres comidas durante los fines de semana está asociado a obesidad. El mayor impacto sobre el índice de masa corporal (IMC) se produciría cuando tenemos una diferencia de horarios de 3,5 horas o más. A partir de este punto, es cuando el riesgo de obesidad podría verse  incrementado, ya que hemos observado que los individuos que presentaban más de 3,5 horas de eating jet lag incrementaban su IMC en 1,3 kg/m2″, explica Zerón.

Lo ideal sería por tanto, «intentar mantener horarios regulares todos los días de la semana». En este caso, añade la experta, «podríamos tener una hora de margen, es decir, adelantar o atrasar una hora nuestros horarios de comida no está relacionado con la obesidad. Son los grandes cambios en los horarios de las comidas (más de 3 horas) los que se relacionan con la obesidad».

No obstante, no pasaría nada o no tendría relación con nuestro peso si esos cambios los realizamos de forma puntual, en un momento dado. «Seguramente si estos cambios lo hiciéramos de forma puntual no tendrían el mismo efecto sobre el IMC. Un ejemplo de un cambio grande, podría ser desayunar entre semana a las 8 de la mañana y que el fin de semana desayunásemos a las 12 del mediodía«. Por norma general y, según concluye, esta profesional, se recomienda comer antes de las 15h de la tarde (3 p.m) e intentar cenar dos horas o más antes de ir a dormir. Por ejemplo, si te vas a dormir a las 11 p.m., como máximo deberías estar cenando a las 8:30 p.m.

Beatriz G. Portalatín

Fuente: elespanol.com

https://www.elespanol.com/ciencia

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