Muchas personas que disponen de un balcón o una terraza soleada aprovechan para cultivar. El tiempo y la estación influyen decisivamente tanto en los cultivos a elegir como en los cuidados que se deben proporcionar, de modo que cuando se acerca el otoño debemos ir pensando en cómo aprovechar adecuadamente nuestro espacio de cultivo.
 

Las plantas aromáticas son un clásico de los huertos urbanos. La principal preocupación con ellas, más allá de los cuidados habituales, debe ser protegerlas del frío, pues en general no aportan bien las heladas y, en zonas en las que el termómetro desciende más allá de lo razonable, conviene llevarlas al interior, pero con luz y evitando que estén cerca de estufas o calefacciones.
 

En otoño, los cultivos en el huerto urbano exterior pueden ser variados. Ya habremos recolectado los últimos tomates y, tras añadir en nuestras macetas sustrato universal para enriquecerlas y renovar sus nutrientes, y siempre prestando atención a un régimen de riego más espaciado que en verano, podremos pensar en lechugas, remolacha, apio, perejil, zanahorias y otros cultivos.
 

Hay que tener en cuenta dos factores esenciales: la distancia entre plantones y la profundidad que necesitan las plantas que desarrollan raíces comestibles, como la cebolla o la zanahoria.
 

En general, nuestros huertos urbanos necesitan productos que demanden poca profundidad. Como pauta, podemos plantar una ocho lechugas en un recipiente de 20 cm de profundidad 40 de diámetro, mientras que las zanahorias necesitarán unos 0,5 litros por planta y necesitarán la profundidad de una jardinera.
 

Es muy importante que, inmediatamente después de concluir el plantado, reguemos en abundancia. También es aconsejable que nos valgamos de hojas de los cultivos de verano que estemos eliminando para acolchar la superficie de los nuevos cultivos, dado que aportaremos nutrientes y protegeremos de las temperaturas bajas.

 

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