La alcachofa, considerada una joya culinaria, es una de las verduras de invierno más apreciadas, tanto nutricional como gastronómicamente. En realidad, es la flor, no madura, de la alcachofera, con todas sus hojas superpuestas unas encima de otras, a modo de escamas. Las hojas externas son fibrosas, en tanto que las interiores son tiernas y sabrosas, formando el “corazón” de la alcachofa.

La alcachofa coge su nombre del árabe y significa “lengüeta de tierra”. Conocida desde la Antigüedad, fueron los árabes la extendieron por todo el Mediterráneo. Además, se la consideraba curativa por sus propiedades medicinales. Los países de la cuenca mediterránea son los principales productores.

Se recolectan desde octubre hasta los primeros meses del invierno. Es recomendable para que duren más tiempo conservarlas en lugares frescos y sumergir los tallos en agua, como una flor.

Es una verdura muy versátil para cocinar, puede comerse sola o como guarnición: a la plancha, en tempura, en ensalada, en guisos, como acompañamiento de carnes y pescados… La carne de la alcachofa es jugosa, fina, con cierto amargor y un regusto dulce al final.

La alcachofa es un alimento muy equilibrado y saludable, bajo en calorías y alto en fibra, que proporciona múltiples beneficios: facilita la digestión, quema la grasa y ayuda a controlar el colesterol. Además, evita la retención de líquidos porque es muy depurativa. Contiene vitamina A y C, que le confiere un efecto antioxidante.

 

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